Beverly Sutphin (Kathleen Turner) en Los Asesinatos de Mamá (Serial Mom, John Waters, 1994)
La única asesina de este grupo que no aspira a destrozar un hogar sino a mantenerlo unido; y es que
cuando se trata de la felicidad de tu familia ¿cómo vas a anteponer minucias como el código penal o la declaración universal de los derechos humanos? En su estupenda madurez, John Waters se ha dado cuenta
de que un ama de casa americana perfecta es un ser mucho más degenerado que la Divine de Pink Flamingos; y, en una interpretación magistral, Kathleen Turner, además de la importancia del reciclaje de basuras y de ponerse el cinturón de seguridad, nos enseña
las formas más creativas, domésticas y divertidas de asesinar.
Michael Myers (Tony Moran) en La Noche de Halloween (Halloween, John Carpenter, 1978)
De forma inteligente y brillante, Carpenter llevó a cabo la transición del subgénero del
psycho-killer desde el underground y las sesiones de madrugada hasta el cine comercial, rebajando el contenido gore, y sustituyendo la
técnica amateur y la transgresión de las cult-movies por un estilo más conservador que echa mano de referencias como el cuento del hombre del saco.
Con Michael Myers y su oleada de imitadores -el más obvio es evidentemente el Jason de Viernes 13- vuelve la asociación de Psicosis entre sexo y muerte; mientras los jovencitos pecadores que se van de juerga son castigados, la dulce muchacha virginal de su casa sobrevive, aspecto con el que ironizará
más tarde Scream.
Freddy Krueger (Robert Englund) en Pesadilla en Elm Street (Nightmare on Elm Street, Wes Craven, 1982)
En una interesante vuelta de tuerca, Freddy Krueger hace evidente su condición de producto de las pesadillas
del inconsciente colectivo, que dirían los psicoanalistas, apareciendo en los sueños de sus víctimas; de esta forma se lleva a cabo por fin la fusión entre el cine de psicópatas y el género
más indudablemente fantástico, estamos en un sueño y por lo tanto las posibilidades son infinitas. El film consigue además crear todo un icono (el sombrero, la cara abrasada, el jersey a rayas y
sobre todo la mano-garra) que pasa a formar parte de la mitología contemporánea rivalizando en éxito popular con la máscara de Michael Myers.
Ghostface (Dane Farwell) en Scream (Scream, Wes Craven, 1996)
Tras ser pionero del género y aportar luego uno de sus títulos emblemáticos, Craven se
corona rey indudable del terror adolescente al revitalizarlo contra todo pronóstico en los últimos años 90. Saqueando con talento, ironía y desvergüenza las convenciones creadas en todos los
títulos anteriores, Scream introduce en el mundo del psycho-killer el metalenguaje, la postmodernidad y el collage de comedia, terror y thriller de quién-es-el-asesino, con una insólita, aunque luego imitadísima, mezcla de vanguardia
y comercialidad. ¿Epílogo de un género o prólogo de un nuevo estilo donde las etiquetas genéricas antiguas ya no valen? Probablemente, ambas cosas.
